EL SINDROME DE PETER PAN

Cuando los seres humanos no quieren crecer


No es una cuestión de edad. Existen ejemplares de 30, 40, 50,
60 años y los hay que mueren siendo Peter Pan, a pesar de la
infatigable inversión que dedican a soslayar la vejez. El
psicólogo norteamericano Dan Kiley denominó como Síndrome de
Peter Pan al conjunto de rasgos que tiene aquella persona que
no sabe o no puede renunciar a ser hijo para empezar a ser
padre. El hombre/niño que se resiste a crecer es incapaz de
cuidar y proteger a nadie así como de intercambiar papeles
igualitariamente en el contexto de una pareja. Exhibe un
desfase patológico entre su edad cronológica y su madurez
afectiva. Hombres que presumen de joviales, simpáticos, alma
de las fiestas, deportistas, aplicados seductores de
jovencitas a edades notoriamente inadecuadas, con frecuencia
no son más que "peter panes" afectivamente inmaduros y
promotores de mucha desdicha en las relaciones de pareja. Se
trata de hombres que no han aprendido la diferencia entre
haber crecido y ser adultos.
Por otra parte, el complejo o dilema de Wendy, señalado por
Dan Kiley cuando habla de la actitud maternal, se refiere al
papel de Wendy en la historia de Peter Pan, que representa un
modelo de la mujer que a falta de controlar su propia vida
hace esfuerzos por controlar la de su pareja a través de un
papel maternal.
Pese a ser un problema que se produce en ambos sexos y a todas
las edades, el síndrome de Wendy es mucho menos frecuente.
Resistirse a adquirir las responsabilidades que conlleva
entrar en la etapa adulta, además de producir desequilibrios
personales, puede derivar en serios problemas a la hora de que
una relación de pareja funcione. Compartir un proyecto de vida
en común con alguien que es incapaz de sacrificar o apartar
los placeres de la juventud para poner todo lo que tiene para
conseguir unas metas, no siempre fáciles, pero necesarias, a
parte de producir insatisfacción, acaba convirtiéndose en un
lastre a la hora de luchar por conseguir esos objetivos.
Ante la imposibilidad de encontrar la fuente de la eterna
adolescencia, parte de los hombres de la sociedad actual han
optado por anclarse en una juventud que si bien no es física,
sí les garantiza la psicológica y la comodidad de afrontar el
día a día sin ir más allá, una especie de Carpe Diem cuya
problemática aumenta proporcionalmente con la edad física del
individuo.

Se trata sin duda de una dulce tentación entre la juventud y
la madurez, entre el País de Nunca Jamás y el mundo real. El
primero siempre resulta más atractivo y tentador, pero llegada
la hora, hay que coger el toro por los cuernos y saber dar el
paso de un estado a otro.

El Peter Pan actual

Por mucho que pueda pesar, el paso del tiempo es ineludible y
nadie escapa a él, ni siquiera estos Peter Pan modernos. Su
comportamiento sigue siendo como el de un adolescente. Pese a
su sonrisa casi imperecedera y a tratarse de personas muy
divertidas y con unas inmensas ganas de disfrutar de todo los
aspectos de la vida, tras esa apariencia se esconde alguien
tremendamente inseguro con un terrible miedo a la soledad.

Esa inseguridad también se plasma en el campo afectivo. A
pesar de una aparente seguridad en sí mismos, son personas que
necesitan grandes dosis de afecto y la necesidad de una mujer
a su lado que se lo pueda ofrecer. Sin embargo, pese a esta
dependencia, cuando la relación se torna en algo más serio y
empieza a requerir dosis cada vez más altas de compromiso y
responsabilidad, se asusta y acaba produciendo la ruptura de
la pareja.

Esto es una de las causas de que cambien continuamente de
pareja, buscando incluso chicas más jóvenes, que impliquen
menos planes de futuro y a su vez puedan contagiarse de su
inmadurez. En el caso de coincidir en una pareja un Peter Pan
y una Wendy, es posible que con el paso del tiempo cada uno
acabe en la casa de sus padres.

¿Y si se le olvida volar?

Si al nuevo Peter Pan todo le sale bien, disfrutará durante
muchos años, pero llegará un momento de reflexión donde
comenzará su crisis. Aunque él goce de éxito profesional y
económico, se da cuenta de que en su vida no hay nada estable
ni firme.

Durante el tiempo que se está bajo este síndrome, se vive con
vistas a muy corto plazo, la persona se siente insatisfecha
con lo que le rodea pero no hace nada para solucionarlo. Su
búsqueda de satisfacción en cada momento, le puede hacer
recurrir al alcohol y las drogas como forma instantánea de
obtenerla. Buscan siempre la culpabilidad de todo lo que
sucede a su alrededor en los demás, sin que nunca se sienta
realmente parte del problema, y ni siquiera de la solución.
Atreverse a crecer
Ante todo, el Peter Pan tendría que concienciarse de que tiene
un problema. Muchos de ellos se tienen por encantadores y no
llegan a la autocrítica necesaria para ver que están abusando
de los demás. Creen que con su presencia basta. Sin embargo,
ellos son los más perjudicados por la soledad en la que
desemboca su vida. Sus amigos son superficiales y
circunstanciales y sus amores, al final de la vida, son
interesados y falsos. No pueden desarrollar relaciones
amistosas o afectivas sólidas.
Si reconoces que tienes estas características, aún estás a
tiempo de cambiar algunos comportamientos que podrían
dificultar la formación de vínculos afectivos maduros.
Aunque también es cierto que muchas madres, novias y esposas
tendrían, asimismo, que dejar de producir “peter panes”. Nunca
se acabarán los Peter Pan en este mundo, mientras sigan
existiendo las Wendy.

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